me levanté una mañana y fui a un lugar en el que los dolores en el pecho eran contínuos, la suerte escasa y las lágrimas fáciles
una vez allí miré ojos impotentes que pedían ayudas imposibles, que demandaban tiempo, que se aferraban a los recuerdos, que negaban la realidad...
entonces me pregunté tantas cosas que dejé de pensar con claridad. y recordé a un hombre de nombre desconocido, de sonrisa amable, de esperanza espontánea. un hombre que tenía más cerca la muerte que la vida, aún siendo joven, aún teniendo ganas de vivir.
sólo en ese momento comprendí que las personas que menos tiempo tienen, más lo agradecen, más lo disfrutan...así que habrá que volver a vivir como si fuera el último día, como si nada fuese eterno, aceptando nuestras debilidades, nuestros miedos, nuestro final
hoy recuerdo con cariño a ese hombre desconocido que, sin decir mucho, me enseñó más de lo que mucha gente consiguió durante muchos años...a él: GRACIAS

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