domingo, 21 de marzo de 2010

nOches en vela

cortó las alas del ángel a las puertas del cielo,
a ver si así no volvía a pisar el suelo,
hizo migas con las nubes
y éstas corrieron lejos cuando se despidieron

cazó lenguas en la noche y refugios para miembros
logró irse y volver, dejando de lado los sueños,
ruido en las entrañas,
caras y palabras hirientes que levantan migraña

locas las vías de la desesperación,
circulan todas en la misma dirección
resuenan los motores de los que se pierden en la noche
callan las almas en pena que guardan los reproches

amarillea la blanca pureza de otro tiempo
y deja que se escape entre los dedos el miedo,
ruge fuerte la culpa por dejar marchar,
por olvidar que la vida prefiere amar...

domingo, 14 de marzo de 2010

a veces uno se cansa, le fallan las piernas y se cae. una vez en el suelo, hay dos opciones, quedarte ahí quejándote por lo desgraciado que eres o levantarte, aunque duela y seguir caminando. siempre hay posibilidades de volver a caer, y más que posible es probable, pero a base de chocar contra el suelo uno va aprendiendo.

en ocasiones escojo la primera opción, por comodidad, por angustia, por falta de ganas para levantarme, pero siempre recuerdo que la segunda es la correcta, o por lo menos la que necesito elegir. así que cuando se me pasa la desidia y el dolor, me levanto como puedo y sigo adelante. y la mayor satisfacción es tener a alguien a mi lado que me coge de la mano para seguir caminando conmigo...

*sonrisas*

domingo, 7 de marzo de 2010

alguien me recordó una vez la importancia de querer y ser querido. sé su nombre, sé quién es, sé qué teme y que quiere. sé. subimos juntos a pasear entre las nubes de algodón que yo tenía sobre la cabeza. paseamos, aunque a él no le gustase mucho la idea, prefería tumbarse y hablar. así que caminamos y luego nos echamos a mirar el cielo desde cerca. y así nos pasaron los primeros días, lejos del suelo. y siguió pasando el tiempo, y continuábamos en las nubes. pasaron los meses, los años, y decidimos quedarnos allí arriba. éramos felices y no necesitábamos pisar el suelo. la dureza del asfalto era incómoda, así que únicamente bajábamos cuando queríamos entrar en el agua o tocar la arena. lo demás, sobraba...

martes, 2 de marzo de 2010

dicen que a veces las oyen llorar de madrugada, cuando la ciudad aún duerme, cuando los últimos sueños acaban. se escuchan llantos y golpes, secos, duros. y silencio, mucho silencio. a veces se concentran para no sentir, otras simplemente están, no es necesaria la concentración, no. duermen de día, para poder estar bien despiertas cuando llega la noche. su umbral de dolor en esas horas es alto, tan alto que podrían clavarles un cuchillo y algunas ni se enterarían.

unas por necesidad, otras por comodidad, algunas incluso por vicio, cualquier tipo de vicio. he visto a las primeras aguantar las lágrimas, con historias dulces de otro tiempo venidas a agrias. nadie salvo ellas entiende, absolutamente nadie. y como ellas, tantas otras...

lunes, 1 de marzo de 2010

me tatué la piel y la memoria, para ver si así conseguía superar lo insuperable. y lo logré, o eso creía, aunque la visión desapareció con el tiempo. rojas las palabras de tanto chocar en los labios evitando salir. y me juré y le juré al espejo, pero incumplí mi promesa, aunque me duela reconocerlo. corté pelos, deshice lazos y amplié telas. volví a proponerme, hablé en pasado, hablé en presente, y volví a equivocarme.

y lejos de hundirme más aún, encontré un ángel de la guarda, una ilusión óptica que tiraba de mí cuando lo necesitaba. extraño pero cierto. ilógico. cómo conseguí engañarlo, no lo sé, ni creo que lo llegue a saber nunca. él creía y yo no mentía, algunos lo llaman fe, otros ceguera, otros simplemente no lo llaman.

un día sin saber por qué, o mejor dicho, sabiendo perfectamente el motivo, el dolor volvió a aparecer en el mismo lugar en el que estaba cuando se había ido. las ideas chocaban unas con otras en la cabeza, como si los circuitos por los que circulaban hubiesen perdido el sentido. locas las neuronas jugaban al despiste, herían a mi alma. al parecer ésta sí era la historia interminable...