
recorrió esquinas como quien recorre supermercados
escayoló su alma para que nadie lo viera entre las sábanas
dio, recibió y olvidó a la mañana siguiente
aquéllos que un día la necesitaron, en otro momento el saludo le negaron
maldijo a quienes un día amó, porque entre todos hasta allí la llevaron.
miró el espejo sin reconocerse, la belleza con los años se esfumó, no tenía a quién parecerse.
las ojeras ya a nadie preocupaban, algunos ni preguntaban,
en su bolso una botella de alcohol destilado para lavarse las heridas...
no reconocía a la persona que un día fue, entre tanto rímel y tazas de café;
se olvidó de su nombre, como quien olvida el perfume de un hombre,
ató cabos, juntó duros y gastó minutos
se desenredaba fuerte el pelo, para intentar deshacer los nudos de su desdicha...
dulces despertares lejos de la noche,
jueces, banqueros y fantoches.
almidona tu vestido, lo demás está prohibido.
rózame la cara, siénteme dentro, házte macabra...
y todo eran peticiones, el cliente ya no atendía a razones;
lo que un día fue educación, ahora era ordenanza, desgracias y alabanzas.
¡estúpido destino! un día te crees libre y al otro, consciente de tu desatino
guarda en tu cajón la bonita balanza, sonríe y oculta tu desesperanza.
es el sino el que aquí manda: no te resistas, no te engañes, no luches, no sientas, no...

