me tatué la piel y la memoria, para ver si así conseguía superar lo insuperable. y lo logré, o eso creía, aunque la visión desapareció con el tiempo. rojas las palabras de tanto chocar en los labios evitando salir. y me juré y le juré al espejo, pero incumplí mi promesa, aunque me duela reconocerlo. corté pelos, deshice lazos y amplié telas. volví a proponerme, hablé en pasado, hablé en presente, y volví a equivocarme.
y lejos de hundirme más aún, encontré un ángel de la guarda, una ilusión óptica que tiraba de mí cuando lo necesitaba. extraño pero cierto. ilógico. cómo conseguí engañarlo, no lo sé, ni creo que lo llegue a saber nunca. él creía y yo no mentía, algunos lo llaman fe, otros ceguera, otros simplemente no lo llaman.
un día sin saber por qué, o mejor dicho, sabiendo perfectamente el motivo, el dolor volvió a aparecer en el mismo lugar en el que estaba cuando se había ido. las ideas chocaban unas con otras en la cabeza, como si los circuitos por los que circulaban hubiesen perdido el sentido. locas las neuronas jugaban al despiste, herían a mi alma. al parecer ésta sí era la historia interminable...
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