domingo, 7 de marzo de 2010

alguien me recordó una vez la importancia de querer y ser querido. sé su nombre, sé quién es, sé qué teme y que quiere. sé. subimos juntos a pasear entre las nubes de algodón que yo tenía sobre la cabeza. paseamos, aunque a él no le gustase mucho la idea, prefería tumbarse y hablar. así que caminamos y luego nos echamos a mirar el cielo desde cerca. y así nos pasaron los primeros días, lejos del suelo. y siguió pasando el tiempo, y continuábamos en las nubes. pasaron los meses, los años, y decidimos quedarnos allí arriba. éramos felices y no necesitábamos pisar el suelo. la dureza del asfalto era incómoda, así que únicamente bajábamos cuando queríamos entrar en el agua o tocar la arena. lo demás, sobraba...

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