una tarde fría me asomé al mar. después de un rato me dejé caer al agua. me arrastró la corriente mar adentro, me dejé llevar, no opuse resistencia, no merecía la pena. y así floté durante horas, congelada, no había dolor, sólo calma, fría, pero calma. cuando había perdido la noción del tiempo por completo, las olas ya habían desaparecido, y yo seguía flotando hacia ninguna parte. vi pasar nubes de todas las formas y tamaños, sentí lluvia en la cara, oí los cantos de las sirenas, vi cómo se escondía el sol...
la calma poco a poco traía consigo calor, mi cuerpo dejaba de flotar, el cansancio en los músculos y el frío en los huesos trajeron consigo debilidad. y de este modo me hundí despacio, con los ojos bien abiertos para no perder detalle. la noche no dejaba ver mucho, pero pude diferenciar algún pez, algún alma que también se dejaba caer. fui cayendo hacia la oscuridad, donde ya no había sensaciones, donde no existía dolor, ni frío. me había unido sin ser consciente a la nada del fondo del océano...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario