un día estás ocioso y te haces una de las grandes preguntas existenciales que todos nos hacemos y pocos llegan a contestarse, básicamente porque las enterramos en sonidos radiofónicos, imágenes televisivas y conversaciones banales, que nos hacen evitar pensar la respuesta. y el elemento paralizador de dichas preguntas es el miedo. miedo a no saber la respuesta, miedo a saberla y no poder afrontarla, miedo a saberla, afrontarla, pero evitar lo que ello supone, en definitiva, miedo...y entonces dejas que pasen los días, que se van acumulando, y pasan meses, años, décadas huyendo de ti mismo, de tus pensamientos, anhelos y dificultades... ¿y para cuándo? para mañana, para otro momento, para otro día, pero hoy no, que estoy muy ocupado, tengo muchas cosas en que pensar, tengo prisa, estoy cansado...y la desidia arrastra consigo más desidia, y así lo que primero resonaba fuerte en tu cabeza, pasa a ser simplemente un eco, deja un pequeño sonido en donde hubo un gran ruido.
pero otro día, en el que también estés ocioso, después de mucho tiempo, demasiado, la misma pregunta volverá a surgir en tu cabeza, la diferencia es que ahora es muy tarde para intentar resolverla, y en el caso de que se resuelva, será muy tarde para disfrutar de la respuesta o luchar contra ella...
como diría una gran persona: " no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy "
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario