perdí el bastón en el que me apoyaba al correr, dejé olvidada la razón en el rincón de los olvidos, olí rosas de plástico a ver a qué sabían, cerré los ojos para pensar que imaginaba, escuché canciones sin música, hablé en silencio, escapé de mis fantasmas quedándome a charlar con ellos, sacudí del mantel las migas del pan que nunca comimos, sonreí sin que nadie me viese sonreir...
[y es que a veces lo que parece el mayor de los sinsentidos, es lo que más sentido tiene, porque el sentido común es el menos común de los sentidos, y yo sé que no hace falta ver para creer]
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