
cuenta la historia que el encuentro tuvo lugar una noche de primavera, en la época en la que la sangre se altera. dos desconocidos que mucho antes se habían conocido, se vieron sentados en la misma ciudad, en la misma barra del mismo bar. la locura de los 20 se había esfumado. las ganas de vivir habían desaparecido. dos vidas distintas unidas por un mismo sinsentido. no hubo mucho que decir, no hubo mucho que explicar. un "hola, ¿qué tal?" fue suficiente, para empezar.
las palabras sobraban, el alcohol las ahogaba. las lágrimas habían desaparecido años atrás, en aquel mismo lugar. la sangre ebria viajaba. cada corazón desgastado daba sus últimos coletazos en el cuerpo en el que había un alma dañado. cada uno con su destino fue viviendo a partir del mismo día en que decidieron terminar. uno por cada lado. se habían visto en aquel mismo sitio, con ilusiones compartidas y la pena de haberse despedido.
y tras años de incertidumbre, de dolores en el pecho, de noches en vela, aquella misma tarde habían hablado, y habían decidido. con unas copas de más, en silencio completo, se cogieron de la mano y salieron de aquel bar. una mirada bastaba para saber que aquello tenía que terminar. un amor de la juventud era la mejor manera de acabar una vida de angustias continuas, de drogas que anestesiaban el alma, pero que dejaban las mismas pesadillas.
y agarrados de los dedos y del alma, fueron al mismo lugar que les dio alegrías, que les traía paz, y con una última mirada y un último beso, decidieron alejarse de la misma manera que cuando empezaron a amar. se tiraron al mar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario