miércoles, 5 de noviembre de 2008

...de historias...

las luces de la ciudad taparon aquella noche la luz de la luna. el ruido de los coches y del gentío le hacía sentirse más ansioso. desconocidos con prisa por llegar a ninguna parte le empujaban. hablaban de banalidades por teléfono, chillando, como si tuvieran algo importante que decir. se sentía cada vez más solo, y cuanta más gente veía, más se acentuaba ese sentimiento. el calor del contenido de la botella había hecho efecto en aquel cuerpo desgastado por los años, las noches frías y los excesos. hacía tiempo que no sabía nada de su familia, la misma que en otra vida le había jurado amor eterno, la misma que en otra vida le había hecho sonreír. sonreír, no tenía ni la menor idea de cuántos años habían pasado desde la última sonrisa. con el licor llegaron los problemas. mejor dicho, siempre estuvieron, pero gracias a él afloraron. con las noches en vela aparecieron las despedidas. con los años desaparecieron los seres queridos...y allí estaba un día más, esperando que aquélla a la que nadie quería mencionar y todos temían, le hiciera el favor de llevárselo consigo. porque ya no aguantaba más, no quería soportar más el dolor, la única compañía de una botella, el frío en la cara y en los pies, la soledad de los olvidados, el desgaste de los vicios...mientras continuaba caminando, buscando un sitio donde pasar la noche, recordó a sus hijos, a su mujer, a todos aquellos que un día estuvieron a su lado. y antes de llegar al banco quue había escogido, desaparecieron las luces, los cuerpos, la visión. un intenso calor recorrió su cuerpo, era distinto del que había sentido otras veces. ya no había tensión, ya no había dolor, ya no había miedo, no quedaba soledad, no quedaba nada, nada...

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