
parece que el ruido de conversaciones ajenas puede empeñarse en ocasiones en que callemos. sin embargo, nosotros continuamos diciendo. olvidamos el alrededor para centrarnos en este punto, que es el que realmente importa. y tú hablas, y yo hablo. y entiendes, y entiendo. simplemente es eso, no hace falta más. a veces silencio, pero cómodo, del que no intenta romper el hielo, del que sirve más que estorba. y después vuelven a fluir las palabras, a modo de historias interminables, anécdotas anecdóticas y razones e informaciones. así pasan los minutos sin que nos demos cuenta, las horas, los días, y así pasarán durante mucho tiempo. porque no existe nada, absolutamente nada mejor que las conversaciones, cuando el comunicador que escucha y el oyente que comunica se entienden.

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